El objetivo de la obra gráfica de la joven artista tinerfeña Idaira del Castillo es mostrar, siempre desde su visión personal, situaciones de la vida que nos son cotidianas interpretando las formas en que se relacionan dentro de un entorno social.
En Lycaón y los 13 ochomiles, esta creadora repara en la figura del perro salvaje africano y en la metáfora que suponen las catorce cimas más altas del planeta, que Idaira concibe como retos, como las 12 pruebas de Hércules que debe superar el personaje aventurero del lycaón.
Su trabajo abarca, desde denuncias medioambientales, hasta reflejos de una sociedad de consumo marcada por hábitos pintorescos.
Idaira del Castillo otorga especial relevancia a la fotografía, siendo la herramienta con la que consigue plasmar unas imágenes que posteriormente reinterpreta, adaptándolas al ritmo de los sucesos. Rápida al captar los momentos, la artista los atrapa para permitirle, a posteriori, valorarlos con una visión critica: el individuo, los monstruos cotidianos, la decadencia del sujeto, la personalidad desestructurada, la deformidad como caracterización de rasgos de la personalidad, psicología de las relaciones, el animal interior, la asimilación de los recuerdos,…
En todo este proceso creativo, la artista presta suma importancia a la interacción entre los personajes, dada la influencia que ejerce la visión de los demás sobre uno mismo a la hora de relacionarse en sociedad.
En esta exposición, la creadora también se interesa por el espacio como recipiente, contenedor de elementos, objetos, recuerdos, desechos que hacen que el sujeto reaccione de forma particular al sentirse condicionado.
Acerca de la artista
Idaira del Castillo Estévez, (Los Realejos-Tenerife, 1985), es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna y Magister en Escenografía por la Complutense de Madrid. Cconsiderada, a juicio de los críticos, como una de las artistas de mayor proyección de la joven escena plástica canaria, utiliza en sus piezas la técnica mixta; pinta sobre tela, usando pintura plástica, pigmentos, tintes, acrílicos, rotuladores, lápices de colores, ceras, telas de diferentes tipos, hilo, esmalte de uñas…
Idaira del Castillo practica una pintura poco convencional en la que las manchas de color se realizan no sólo mediante el pincel sino también componiendo con retales de tela. El resultado es de una seductora frescura que renueva el lenguaje pictórico rompiendo sus límites pues sus figuras, a menudo, se salen literalmente del formato y campan libremente por las paredes de la sala.










